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La Organización Internacional del Trabajo
(OIT) fue creada por el Tratado de Versalles en 1919, junto
con la Sociedad de las Naciones.
Nacida tras el caos de la primera guerra
mundial y templada por casi un siglo de cambios turbulentos,
la OIT tiene como fundamento el principio –inscrito
en su Constitución - de
que la paz universal y permanente sólo puede basarse
en la justicia social.
Desde su fundación la OIT y sus estructuras
tripartitas que relacionan a los Estados Miembros con sus
organizaciones de empleadores y trabajadores, han erigido
un sistema de normas internacionales en todas las materias
relacionadas con el trabajo.
Durante buena parte del siglo XX, la Organización Internacional del Trabajo fue incorporando el tripartismo y el diálogo social internacional en su estructura y mandato. Tras hacerlo por primera vez en 1919 cuando dichos conceptos quedaron plasmados en su Constitución, la pertinencia de los mismos nunca se vio menoscaba sino que más bien ha ido aumentando en vista de los desafíos que hoy plantea este mundo globalizado, especialmente cuando se persigue conciliar los imperativos de la justicia social con la competitividad de las empresas y el desarrollo económico. La cooperación tripartita se entiende en sentido amplio y designa, en general, todos los tratos entre el Estado –representado por los gobiernos–, los empleadores y los trabajadores que versan sobre la formulación o la aplicación de la política económica y social.
Veinticinco años más tarde, la OIT se preparó para el período de reconstrucción que seguiría a la Segunda Guerra Mundial y adoptó la Declaración de Filadelfia que hoy constituye el Anexo de la Constitución de la OIT. En ella se definen nuevamente los objetivos y propósitos de la Organización.
La Declaración se anticipó al aumento, después de la guerra, del número de países independientes y presagió el inicio de una cooperación técnica en gran escala con los países en desarrollo, que se llevaría a cabo paralelamente a la labor normativa que la OIT había comenzado en 1919.
En 1946 se aprobó un acuerdo en que se estableció la relación entre la OIT y las Naciones Unidas y, en consecuencia, se convirtió en el primer organismo especializado asociado con las Naciones Unidas.
Con motivo de su 50º aniversario en 1969, la Organización fue galardonada con el Premio Nóbel de la Paz ( en ingles).
La Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo reafirmó en junio de 1998 el compromiso de los 174 miembros de la Organización de respetar los principios relativos a cuatro categorías de derechos fundamentales en el trabajo y de promover y materializar su aplicación universal:
a) la libertad de asociación y la libertad sindical y el reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva;
b) la eliminación de todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio;
c) la abolición efectiva del trabajo infantil; y
d) la eliminación de la discriminación en materia de empleo y
ocupación.
Hasta el 4 de marzo de 1999, fecha en que es elegido el chileno Juan Somavia el
primer Director General de la OIT procedente del hemisferio sur, la OIT tuvo
8 Directores Generales.
Ese mismo año la Conferencia adopta el Convenio 182,
relativo a la prohibición e inmediata eliminación de las peores formas de trabajo infantil.
En su primer
informe a la Conferencia Internacional del Trabajo
de 1999, el señor Somavía escribe: “la
primera meta de la OIT es hoy promover las oportunidades
para que las mujeres y los hombres puedan obtener un trabajo
decente y productivo, en condiciones de libertad,
igualdad, seguridad y dignidad humana”. Para ello
traza una triple cartera de políticas orientadas
a mejorar las vidas y las condiciones de trabajo de hombres
y mujeres, generar empleo para un creciente número
de trabajadores sin empleo y subempleados, y forjar un
nuevo consenso entre la comunidad internacional, las empresas
y el trabajo para hacer frente a las consecuencias sociales
de la globalización.
En esta perspectiva en febrero de 2002 se instituye la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización, como organismo independiente creado para dar respuesta a las necesidades de las personas dados los cambios sin precedentes que la globalización provoca en sus vidas, sus familias y en la sociedad en donde viven.
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